Amalita, mi madre

¡Hola, amigos! Qué difícil es querer escribir unas líneas sobre una madre. En estos momentos es cuando más se valora porque uno lo está intentando no con mucho éxito, aunque mucha voluntad, y admira a los escritores que saben transmitir con claridad, mimo y primor todo lo que a uno le causa emoción. Este post es muy especial para mí, está dedicado a todas las madres y, en concreto, a la mía porque hablaré de ella y de todo lo que me hace sentir.

Cuando yo era bien pequeña, me solía decir: “ojalá te toque una niña como tú, te vas a enterar, ya me entenderás cuando seas madre…”. ¡Cómo la entiendo ahora y cómo la admiré, valoré y la quise aún más si cabía al poco tiempo de nacer mi primer hijo! Entonces comprendí cuánto ella me quería y cuantísimo había hecho y haría por mí. Mujer excepcional, diferente, independiente, cariñosa, divertida, generosa, lista, confidente, gata, atractiva, valiente y, por ende, osada, emprendedora, despistada, metepatas, carismática, jovial, risueña, trabajadora, inquieta…, y, por encima de todo, maravillosa y magnífica madre. Nunca, jamás me ha faltado, siempre me ha acompañado en los momentos importantes de mi vida (ahora quizás lo hace con más pereza) y queriendo, y otras sin querer, ha sido y es la persona más importante en mi educación. Ella, mi madre, Amalia, o mejor Amalita, como a ella le gusta que la llamen, es mi referencia, donde yo me miro y a la que yo copio porque me parece la mujer más perfecta aun con todas sus imperfecciones, que las tiene y muchas. Mamá, no sé si te lo he dicho alguna vez…, ¡me encantas! A mí, a mis amigas que siempre tienen ganas de verte y echar ratitos contigo, a los hombres de mi vida y a tus nietos. Si tengo la certeza absoluta de que eres una excelente madre, como abuela me has puesto el listón aún más alto. ¡Qué suertuda soy por tenerte! Gracias, mamá, te quiero tanto…, y qué pocas veces te lo digo. ¡Feliz día de la madre!

En brazos de mi madre con mi primer traje de flamenca.

En la imagen, Amalita con mis hijos Miguel Ángel y Nicolás, dos de sus nietos.

Con mi madre y mi hija, tres generaciones unidas.

Gran amante y coleccionista de gatos.

Retrato de Amalia realizado por mi padre, Manuel Revuelta.

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